"Tenemos todo para ser felices, pero falta, tal vez, sabiduría, lucidez, moderación..." Yves Michaud, filósofo francés.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Mucha ecología y algo de teoría del arte


"Iceberg en el océano atlántico". Daniel Beltrá




Esta entrada, con el inequívoco título de "Mucha ecología y algo de teoría del arte", pretende arrojar humildemente un poco de luz a esta época convulsa que nos ha tocado vivir. Las noticias nos llegan de todos lados a un ritmo frenético, con tal intensidad informativa que empezamos a tener serios problemas para asimilar todo lo que nos cuentan y en ocasiones nos sorprendemos pensando que preferiríamos no saber... Inmersos en este cóctel de hiperestimulación e insensibilidad, es posible que a muchos se nos pasara la noticia de que, desde hace unos pocos años, nos encontramos en una nueva era geológica bautizada como Antropoceno. En realidad se trata todavía de una propuesta que tiene que ser ratificada por los más altos comités científicos en estratigrafía, pero en cualquier caso es una era -casi un erial- marcada por los cambios que la actividad humana ha causado en el Sistema Tierra. Cambios profundos, significativos, cicatrices en definitiva, como las alteraciones en el paisaje que produjo la industrialización, el rastro de hisopos radioactivos resultantes de las pruebas con armas nucleares en los 50, el uso masivo del plástico y los materiales sintéticos no biodegradables, etc. 
¿Es eso importante?  Bueno, es una señal. Y a buen entendedor... una Era que se autodenomine Antropoceno no le presagia nada bueno. Así que si queremos seguir viviendo muchos años en este Planeta tan asombroso, deberíamos empezar a prestar más atención a ciertos hábitos de consumo y  de comportamiento. Por eso pienso que dedicar unos minutos a leer "Mucha ecología y algo de teoría del arte" puede ayudarnos a entender dónde estamos y, tal vez, un poco, hacia dónde vamos. 
Contiene mucha ecología porque es inexcusablemente necesario y algo de teoría del arte porque al intentar contar lo que está pasando, sin querer siempre acabo metiendo la cuña del arte. ¿O es que alguien quiere vivir en un mundo sin arte?
Aun con todo, no hay nada que hacer, sigue faltándonos sabiduría, lucidez, moderación... El tiempo no se detiene y los niños crecen -y fabrican cada día un nuevo mundo con sus ideas, con sus manos, con sus sueños, aunque nos parezca a los adultos que lo tenemos todo bajo control...- van ellos y lo cambian todo. Así de simple. Al más firme de los educadores le tiembla el pulso al desconectarle a su hijo la consola. Y no hay nada que hacer, salvo tal vez armarse de valor y encender el ordenador todas las mañanas antes de que la casa se despierte, en mi caso, empeñada como estoy en usar la palabra escrita para iluminar lo que pasa a mi alrededor. (En el Medievo, algunos monjes con talento para el dibujo coloreaban los códices con tintas minerales y láminas de pan de oro o de plata... es decir, iluminaban la palabra escrita, aportando así luz al conocimiento). Puede que sea de las tareas más dignas del ser humano y la única que haya importado nunca en realidad.






Beato de San Miguel de la Escalada (962 d.C.)

Miniatura inglesa anónima (s.XII d.C.)






















Cien años después de la Revolución Rusa, cien años exactos después del final de la Primera Gran Guerra, la vida ha cambiado tanto que no parece que seamos la misma especie animal quien (des)gobierna el Planeta. La información nos llega desde todos los rincones, hasta de los más alejados e inhóspitos... pero esa información... ¿es veraz?, ¿lo cuenta todo? ¿Lo que vemos es lo que hay realmente? ¿Qué significa "lo que hay realmente"...?

He intentado pintar con las palabras una especie de retablo donde pasan muchas cosas a la vez, parecido a una obra del Bosco... Pero he buscado deliberadamente emborronar los límites entre tantos sucesos simultáneos, y para eso he usado la técnica de la acuarela. Me gusta la sensación de que los contornos y las fronteras entre escenarios se difuminen, se fusionen entre ellos... 
Durante décadas nos han intentado hacer ver la Historia como algo lineal, una sucesión de momentos que ocurrieron ordenadamente uno detrás de otro y hasta se han atrevido a poner fechas de inicio y fin a estos períodos de tiempo. La realidad, obviamente, no es así, por la misma razón que las fronteras de los mapas políticos son ficticias y que no podemos tropezar con los meridianos y los paralelos andando por la calle. La idea de una realidad superpuesta en varios planos coexistentes en el tiempo y en el espacio, una realidad no lineal, es algo que tenemos menos asumido de lo que creemos.

Una vez leí que en las pinturas parietales de la Prehistoria se usaba una perspectiva diferente a la que usamos hoy en día. Eso es obvio. Pero lo interesante es entender el porqué. Todos tenemos en mente las figuras de animales una dentro de la otra, compartiendo salientes de la roca para formar lomos, caderas, cabezas y patas, del derecho y del revés, en diagonal, en vertical, algunos enormes y otros minúsculos, todo en aparente "desorden monumental"...




Cuevas de Lascaux (La Dordogne, Francia)



Pues bien, esto responde a una concepción del espacio, y del mundo por extensión, diferente a la común hoy día. El pasado y el presente convivirían en esa época de oscuridad y descubrimiento en un mismo momento, el presente. El reino de los vivos existiría en el mismo punto espacio-temporal que el de los muertos; no habría diferencia clara entre el más allá, el subconsciente, y el aquí y ahora. Lo imaginado, lo innombrable, lo sagrado, lo inexplicable se mezclaría con la viscosidad de la sangre de los animales cazados cada día, con la propia sangre de las heridas de los cazadores y con la sangre de las mujeres. Los espíritus de la Naturaleza se comunicarían a diario con las pequeñas comunidades humanas a través del fuego que les calentaba, de los alimentos que consumían, de los sentimientos que descubrían en su interior... Y sobretodo a través de la poderosa y todavía salvaje Naturaleza: de los ríos, los animales, los bosques, los días y las noches.
Y si estamos de acuerdo en que así fue, todo ese existir simultáneo quedó plasmado en las paredes de las cuevas y en todas las muestras de arte mueble e inmueble que se han perdido con el tiempo.

No habría que extrañarse, pues, que para dibujar este tríptico de la actualidad haya elegido la tinta de base acuosa, porque con ella puedo difuminar los límites de la realidad, como hacían por cierto los antiguos pintores chinos y japoneses.


Hasegawa Tohaku (c.a. 1595)



Imaginemos ahora un paisaje pintado con pinceles de diferentes grosores mojados en tinta de un solo color o de varios colores... De repente, unas montañas surgen de la nada y entre la niebla, los tejados de paja de un pequeño pueblo, casi tragado por la Naturaleza... En un primer plano, puede haber una oruga de color verde y amarillo comiendo hojas mojadas de rocío, preparándose para su metamorfosis, y a lo lejos, bajo un cielo salpicado de nubes inciertas, unos patos volando hacia alguna parte... La composición termina poco a poco, difuminándose por los cuatro puntos cardinales, dando a entender que la historia contada no acaba ahí, sino que sigue.. están pasando más cosas a la vez... Y uno podría entrar físicamente en la escena dibujada como cuando en las pelis antiguas la niña metía la mano, después el brazo y después todo el cuerpo dentro del espejo o dentro de la televisión... (¿Alicia en el País de las Maravillas? ¿Juan y las Alubias mágicas? ¿El Castillo dormido durante cien años de la Bella Durmiente?... los cuentos infantiles sin duda se acercan a esa realidad paralela que la mente científica desmiente con obstinación).

¿Por qué nos atrae más un cuadro del romántico Turner que cualquier paisaje o bodegón hiperrealista? ¿Por qué la pintura ha conseguido, a través de tantos estilos de todas las épocas, atraer la mirada crítica del espectador, como en mi opinión no lo ha hecho ninguna otra arte visual?



"Tormenta de nieve en el mar" William Turner




Quitando la pintura realista, que no me interesa demasiado, puesto que copiar la realidad no tiene mucho valor y, además, desde el siglo XIX contamos con la maravillosa fotografía, pienso que la respuesta está en el trazo, pastoso o acuoso, precipitado o meditado, de la materia sobre el lienzo, sobre el papel, sobre la roca... Y en cómo ese trazo refleja o esconde la luz. Ese juego entre la luz y la oscuridad es la esencia misma de lo que nos rodea, lo que percibimos claramente y lo que sólo intuimos. Y ahí es donde ese trazo plantea preguntas, interpreta la realidad, ¡interpela la realidad!, cuestiona directamente su esencia y su verdad.





Hokusai (1827)



Cuando el cerebro humano llegó al gran hito -comparable a erguirse sobre dos patas o a pronunciar las primeras "palabras" con significado- de plasmar físicamente una idea, un concepto y sacarlo así fuera de la mente para compartirlo, para explicarlo, posiblemente para entenderlo mejor él mismo, se quedó maravillado del resultado. Esa mancha en la pared significaba algo. No era propiamente ese algo, pero lo representaba, actuaba en su lugar. Ante ese descubrimiento, el ser humano tomó consciencia por primera vez de que lo tangible convivía con lo intangible, con las ideas, con los pensamientos, con las palabras... Lo tangible era la cueva, la llama de tuétano iluminando la pared, las manos con todos sus dedos, el frío, el ruido del clan despertando con el sol. Lo intangible era ese sol dibujado como un círculo rojo con puntitos alrededor, hechos con la yema del pulgar, que representaba al sol de verdad, pero no sólo eso, sino también el calor, la protección y la dicha que proporcionaba.
Así pues, en un viaje de ida y vuelta, la abstracción primigenia dio paso rápidamente a un deseo de plasmar más fielmente la realidad, llegando a la perfección, al absoluto dominio del trazo durante el periodo Magdaleniense, al final del Paleolítico (hace entre 17.000 y 12.000 años). Nunca se ha pintado la fauna con ese rigor, con esa expresividad, con ese grado de verdad como en esa época de la Prehistoria. La seguridad de ese trazo es inigualable. Otro cantar es el porqué de esos temas recurrentes... ¿por qué no les dio por pintar una puesta de sol, un retrato o una flor? Bueno, está claro que la pintura no era un pasatiempo para ellos, no era una actividad lúdica... sino algo mucho más serio, con un fin (se cree que atraer las manadas y propiciar una buena caza para la supervivencia del clan).
Como sea, a partir de ahí empezó a cerrarse el círculo y un desarrollo progresivo de las capacidades mentales y un trabajo más constante con el pensamiento abstracto, desembocó de nuevo en la abstracción, el simbolismo y las formas geométricas, aparentemente más fáciles de dibujar, pero mucho más complejas a nivel semántico.

No quiero dejar pasar la oportunidad de hablar de los ideogramas chinos y japoneses. En un libro que he leído recientemente titulado "Japón perdido" de Alex Kerr, he podido adentrarme un poco en la cultura japonesa y entre sus muchas manifestaciones está la caligrafía, de la cual Kerr es un gran apasionado. Cada ideograma, representado a través de uno o varios kanjis, equivale a un concepto, a una idea, los hay simples y los hay más complejos, como los conceptos mismos. Un kanji está hecho de pinceladas que siguen un orden concreto, una dirección y un sentido, hasta una velocidad y unas pausas establecidas en su elaboración. El resultado es un "dibujo abstracto", que en su origen podía parecerse más o menos a la realidad y poco a poco fue ganando en abstracción, pero, en cualquier caso, es una imagen que interpela directamente al cerebro desde el momento en que se contempla. Digamos que, al contrario que en un alfabeto normal, los ideogramas no hay que decodificarlos para entenderlos. De ahí su fuerza. Su magnetismo.
Y de ahí que la Caligrafía se haya convertido en un arte con los siglos. Tristemente en el Japón moderno, reflejo de la sociedad deshumanizada que habita mayormente el Planeta, siempre con prisas y obsesionada con rentabilizar cada instante, apenas hay hueco para ella.
(Estoy segura de que en algún lugar de Japón, ahora mismo, alguien está creando un nuevo ideograma que representa el mundo de hoy día. Y que cuando la tinta se haya secado, mañana por la mañana, observará el resultado y se deshará de él, horrorizado ante lo que ven sus ojos).




Sesshu Toyo (1495)


Lo que voy a contar a continuación no es un cuento; es la realidad.
Puede ser leído por partes o como un todo. A mí me gustaría que se pudiera observar como el tímpano frontal de una iglesia románica, con la mente abierta de un campesino medieval analfabeto, que no ignorante. Con la intención de que las imágenes golpeen con fuerza el corazón y las ideas y tengan, de alguna manera, un efecto revolucionario, de sublevación -cada cual a su escala- contra lo que está pasando y no nos gusta. Ahora está de moda el Mindfulness, que consiste básicamente en tomar conciencia de cada minuto que respiramos. Pues bien, detengámonos unos instantes a observar, sólo observar...  y a reflexionar después sobre lo que hemos visto. Seamos conscientes de quiénes somos, dónde estamos y qué estamos haciendo o qué no estamos haciendo. Supongo que se lo debemos a las generaciones futuras, quienes, por cierto, ya están aquí, por si alguien no se había dado cuenta (son esos nuevos adolescentes que tanto nos cuesta comprender).




Santa María del Arce (Navarra)



No estaría siendo honesta si no reconociera que durante mucho tiempo he tenido en mente la canción "Ser Brigada", de León-Benavente. Y que no hay duda de que ha inspirado parte de esta entrada, así que les debo un enlace y sugiero que imaginemos la voz de Abraham Boba recitando los siguientes párrafos.


             



Y ocurrió así:


El Ártico se derretía y los osos polares se quedaban sin hielo que pisar.


El capitalismo arrasaba las civilizaciones a una velocidad comparable con el ébola hace unos años, aunque sus efectos eran incluso más devastadores que los del virus.

Se talaron bosques frondosos, repito bosques frondosos, verdaderos pulmones verdes de la Tierra, para sembrar cereales transgénicos de alto rendimiento, monocultivos que desertizaron hectáreas enteras de Planeta. Los huracanes y los tifones avanzaban cogidos de la mano y se iban quedando sin nombres propios.
Era posible ver mariposas revoloteando sobre los crisantemos del cementerio un 1 de noviembre y a los pies de las tumbas, hormigas exhaustas trajinando tras un verano sin fin. Cruzando el cielo, en todas direcciones, pequeños grupos de grullas volando sin brújula fiable.

Era posible ver a Donald Trump diciendo que no creía en el cambio climático y sí en una América más grande, mientras se oían las microexplosiones del fracking por todo el país y lo que quedaba de los nativos americanos en pie de guerra contra salvajes oleoductos que cruzaban las tierras de sus antepasados.

Cientos de cetáceos quedaban varados en playas de poca profundidad, desorientados con tanto lío de señales acústicas de submarinos, repetidores y petroleros... Por encima de sus cabezas las gaviotas volaban en círculos, con los estómagos llenos de plástico, cagando extraños excrementos multicolor.

Varios kilómetros por encima de la casa de madera desvencijada de Pipi Calzaslargas, varios kilómetros por encima de las gaviotas-bomba y también de la playa de ballenas atascadas, un agujero monstruoso del tamaño de América del Norte parecía que por fin paraba de crecer. Aunque, como una nevera mal cerrada, dejaba escapar el frío por su interior, y la temperatura subía y subía...

Y ocurrió así:

Los gurús del momento estaban en youtube, ajenos a los males de la Madre Naturaleza y dirigían a las generaciones futuras hacia una realidad paralela poco preocupada por su propia supervivencia... 

Mientras paseaba por el lecho ahora desnudo y triste del río, una abuela iba contando a sus biznietos el cuento de Caperucita por enésima vez, y en la mente de los pequeños Caperucita llevaba móvil y minifalda y el lobo era en realidad un holograma. Si cerraba los ojos, la abuela podía sentir de nuevo en su flanco el roce del cuerpo del lobo, cuando siendo niña, una noche que se le hizo tarde con las vacas en la montaña, la manada la escoltó valle abajo. La fuerza de esos músculos peludos se le quedó gravada para siempre... y ahora sentía una profunda tristeza cuando miraba a los suyos y entendía que nunca verían un lobo de verdad, ni conocerían la escala real de las cosas.






En otro pequeño pueblo de Navarra (España, Europa) la globalización producía extraños fenómenos paranormales, como que sus habitantes celebrasen Halloween creyendo que se trataba de una tradición ancestral nacida en los valles pirenaicos a la par que el euskara. Un anciano con txapela, excluído de la globalización, observaba a los niños con sus disfraces baratos comprados en el chino y recordaba las calabazas y las velas que llenaban las noches negras de su caserío familiar el día de Difuntos. El miedo era preferible, un millón de veces, a la inconsciencia.

Mientras tanto, en un taller clandestino de un suburbio gris y contaminado de cualquier ciudad de China, una mujer terminaba su turno. A su lado se amontonaban decenas de trajes de Spiderman, cosidos con bobina de hilo azul, un azul eléctrico que la mujer sólo conocía en sueños. Después de doce horas ininterrumpidas de trabajo, se dejaba caer en un catre adaptado en el fondo de la misma fábrica y se preguntaba qué sentido tenía... vivir. Luego soñaba que era un pájaro con cresta que cruzaba volando un precioso cielo azul eléctrico.

El concepto de "lucha obrera" aparecía en algunas enciclopedias impresas en papel satinado como una rareza del siglo diecinueve y principios del veinte, extinguida como muchos manantiales de topónimos centenarios. 
Un poco más arriba, en la misma enciclopedia, se podía leer: "Esclavitud: relación que se establece entre dos individuos y que implica el completo dominio de uno hacia el otro, por el cual el segundo (el esclavo) es propiedad del primero (el amo). Abolida en Estados Unidos por Abraham Lincoln en 1863, actualmente está prohibida en casi todos los países". 

Un alto cargo de las Naciones Unidas veía la televisión en su casa acristalada junto el lago de Ginebra, tumbado en un sofá de piel de oso polar. La CNN emitía un reportaje sobre la venta de seres humanos en Libia, subsaharanios que soñaban con cruzar a Europa, cuyo precio oscilaba entre los 150 y los 400 euros por cabeza. El hombre pálido cambiaba con pereza de canal y hacía señas a la sirvienta para que le fuera calentando la cena. 

Los periodistas seguían siendo los imprescindibles del milenio.






"Arbeit macht frei", el trabajo nos libera, seguía en pie en la entrada de Auschwitz (Polonia, Europa), con la B boca abajo, como la mirada insubmisa del herrero obligado a forjarla. Rebaños de turistas cruzaban el triste dintel con el corazón encogido, como en su día lo cruzaron rebaños de judíos. Letras negras sobre fondo para siempre gris, desafiantes ante la posibilidad remota pero no descartable de que otro loco, en el futuro, acuñara una frase más perversa que esa. 
Y en el mismo día en que moría el último superviviente de un campo de exterminio nazi, y por fin conseguía descansar en paz, hordas de cabezas rapadas tatuadas con la cruz gamada, jóvenes nacidos y criados en la cuna de la civilización occidental, lo celebraban emborrachándose y destrozando lo que encontraban a su paso.



Y ocurrió así:

Un loco (o un listo), hijo de otro loco (también listo), a su vez hijo del listo primigenio, dejaba ver su silueta cada día más oronda en el desfile de las fuerzas armadas de su país, del cual él era el Dios supremo, el Creador, el Puto Amo, y la nación entera le rendía pleitesía. Las sonrisas y las lágrimas de sus súbditos, cantando himnos y lanzando vítores de "¡Larga vida al Gordo!" eran la prueba viviente de que lo peor del ser humano plastificado aún estaba por llegar. 
Por el contrario, su país gemelo del sur intentaba zafarse de las garras del consumismo. Una mujer escribía en soledad "La vegetariana", con la esperanza de que alguien comprendiera el peligro que corría su cultura milenaria, fagocitada por la versión más brutal y salvaje del capitalismo, la "2.0 Países Emergentes".

La literatura, la música, la poesía, el arte... se dedicaban a denunciar débilmente los excesos del momento con la fuerza de un gatito extraviado en pleno aguacero. En muchos países, ver a alguien leyendo un libro en público empezaba a considerarse algo realmente raro, casi sospechoso. Las lenguas se simplificaban a favor de una mayoría ignorante, "pues el idioma es algo vivo que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos", proclamaban los calvos académicos desde sus tronos apolillados donde no les llegaban los pies al suelo... y así colaboraban conscientemente en hacer al pueblo más estúpido e ignorante para que no pudiera gobernarse nunca solo (sin tilde). En pocos años, se enseñaría en las escuelas a leer y a escribir como en Japón se enseñaba ya la Caligrafía antigua, el significado de algunos de cuyos caracteres ya nadie conocía. 

Alguien andaba removiendo con el palo de madera el caldo de bienvenida, agridulce y empalagoso, de un nuevo líder. Y la chusma babeaba, paladeando el nuevo fertilizante extradulce para su estupidez, mientras se reproducía como una plaga a ritmo de regaetton.
Las viejas brujas sentían debilitarse su poder y les costaba encontrar aprendices de corazón puro entre las jóvenes. Su mirada ya no era chispeante como antes, una nube de preocupación las seguía adonde fueran... ¿quién plantaría cara al poder cuando ellas ya no estuvieran?

La sabiduría popular, los remedios naturales, la caza de supervivencia, los secretos del campo y de la huerta, el pastoreo, la cría y aprovechamiento del cerdo, la apicultura, las conservas caseras... todo el saber acumulado por la raza humana durante milenios se perdía como el trigo de un saco pinchado por abajo a mala leche, y se vaciaba a cada sacudida de pantalla de cualquier serie de Netflix. Cada grano de trigo desperdiciado significaba un secreto y un descubrimiento...
Muchos humanos vivían vidas virtuales que robaban a otros, y no sentían ningún tipo de complejo por ello. Hasta se veían a sí mismos como una especie de superhéroes.

El mar seguía siendo el mayor de los misterios insondables, el mar y algunas simas que desaparecían kilómetros tierra adentro (ahora sabemos que Jules Verne se quedó en la superficie en su Viaje al Centro de la Tierra, y Jacques Cousteau nos mostró apenas una quinta parte de los océanos). Sólo permanecían vírgenes algunas zonas muy concretas de la selva amazónica, donde decían que no llegaba el GPS ni la civilización... puede que alguna isla perdida del Pacífico y el Espacio Exterior, afortunadamente infinito.

El influjo de la luna sobre las mareas seguía intacto de momento, y las mareas solían arrastrar a las playas "extraños frutos" inertes. Puede que la mayor tragedia de la humanidad estuviera sucediendo entre la espuma de las olas. Con cientos y miles de náufragos al cabo de los años, el mar parecía un Dios airado e insaciable que había que apaciguar con sacrificios humanos.



Poseidón avanzando sobre el mar. Ivan Aivazovsky







Termino con una imagen.


Había una especie de delfín blanco, que nadaba solo bajo bloques de hielo, en completo silencio. 
Era ciego. 
No sé más. 
A veces sueño que soy ese delfín. 
Que me envuelve el silencio. 
Me muevo despacio porque no voy a ningún lado, solo vago por el espacio infinito de un mundo sumergido, silencioso y oscuro. Siento paz.




 WA (paz)

2 comentarios:

  1. Hi ha troços de poesía pura.
    M'agradat molt, continua escrivint.

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  2. Les veritats fan mal,salvem l'art i la cultura i sobre tot no renunciem mai a analitzar i ser crítics amb el nostre entorn.
    Felicitats, crec que en cada escrit millores.
    Continua així.
    Albert

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