"Tenemos todo para ser felices, pero falta, tal vez, sabiduría, lucidez, moderación..." Yves Michaud, filósofo francés.

domingo, 12 de noviembre de 2017

La mascota






Todos los equipos tienen su mascota, que suele ser tirando a gorda, peluda y de colores chillones.
Hay tigres, castores, tiburones, mofetas... algunos muy 
graciosos, otros simplemente raros, pero todos de colores muy vivos y embutidos en la camiseta oficial de su equipo.

Mamá dice que una vez Rosie fue azul... pero ahora es 
totalmente gris. O blanca, o marrón, dependiendo del día y 
la iluminación del polideportivo... Qué más da, es nuestra 
mascota: Rosie.

Le vamos dando el abrazo antes de empezar el partido como hacemos siempre, uno detrás del otro. El cuello ya no le sostiene la gorda cabezota de oso, que se balancea a un lado y a otro como un péndulo. Hace tiempo que perdió un ojo y mamá le cosió un botón, así que parece un oso-zombie... Sabemos que al equipo contrario le da un poco de miedo, incluso asco... y eso nos da cierta ventaja al empezar. Pero ante todo es nuestra mascota, es Rosie, y no habríamos ganado un solo partido sin ella. Tampoco perdido.

Yo siempre soy el último en darle el abrazo, y cuando lo hago cierro los ojos y hundo la cara en su cuello peludo. Su olor siempre me recuerda a Laura, mi hermana pequeña, y por unos segundos vuelvo a ver su cara sonriente, mirándome con ojos brillantes... Esa sonrisa me da fuerzas para el partido. Luego Rosie se queda sentada en el banquillo todo el partido, y normalmente no nos acordamos más de ella. No sé cómo, mi madre se las apaña para recogerla y sentarla en el asiento trasero del coche, hasta casa, donde supongo que vuelve a dejarla en la habitación de Laura, sobre la cama ahora ya vacía.

Esta temporada hemos quedamos primeros de grupo. Nos dieron una medalla a cada uno y una copa dorada con una base de cristal. En la foto que nos hicieron salimos con Rosie en el centro, sosteniendo la copa con sus garras regordetas. Así de lejos, parece que esté guiñando el ojo a la cámara... Al lado de esta foto, que he puesto en la estantería de mi habitación, tengo la foto de Laura, antes de que enfermara. Os juro que su sonrisa brilla en la oscuridad...

Recuerdo las últimas semanas en el hospital infantil. Era casi Navidad y Laura no se separaba de Rosie. Se le había caído el pelo del todo y llevaba un pañuelo en la cabeza lleno de pequeños Doraemons. Entró un Papá Noel bastante mal disfrazado y sacó de su saco de regalos uno para Laura, sin dejar de hacer "jo-jo-jo... jo-jo-jo...", como si no supiera hablar. Le ayudé a desenvolverlo. Era un mapache de peluche, de color rosa fuerte. Laura no dijo nada, pero abrazó a Rosie por el cuello con todas las fuerzas que le quedaban. A la mañana siguiente, el mapache estaba en el suelo debajo de la cama. 

Por esto nuestra mascota es Rosie y no hubo discusión ninguna cuando la llevé ese día al partido vestida con la camiseta naranja del equipo. 
No recuerdo si ganamos o perdimos, la verdad, yo estaba en una especie de nebulosa y me parecía que todo iba muy rápido a mi alrededor y yo era un caracol tratando de salir de la bolsa de basura donde me había metido. Sé que mi madre al principio no apoyaba lo de Rosie... pero al poco le pareció bien, más que bien, me dijo: has tenido una idea buenísima, Dani. 
Le prohibí que la lavara, NUNCA, porque olía a Laura. Y por eso Rosie no será nunca como las demás mascotas de los otros equipos: gordita, peluda y de colores chillones. 
Rosie es Rosie y sé que va a estar siempre a mi lado.

3 comentarios:

  1. Precios, m'ha emocionat. Continua escrivint, tens un do, saps commoure i arribar al cor. Petons

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  2. Visca la Rosie !! Sempre necessitem algo que ens recordi els que no hi son o están lluny.
    Una mica trist però xulo.

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  3. Molt bo, has de mirar de que te'l publíquin en alguna revista com a conte de Nadal.
    Continua escribint ho fas molt be.
    Albert

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